
Los ácidos grasos Omega 3 son esenciales para una salud óptima, pero forman parte de los nutrientes que presentan más deficiencia y que más se olvidan, de media, en la alimentación americana y en la europea.
Un estudio reciente[1] reveló que la mayoría de las personas americanas presenta una deficiencia grave de grasas Omega 3 de origen animal, y esta deficiencia es la sexta causa de muerte sólo en los EUA, donde provoca más de 96.000 muertes al año.
El problema es que nuestra alimentación tradicional tiende a ser demasiado alta en ácidos grasos Omega 6, como los que se encuentran en aceites de semillas, aceites vegetales, margarinas para untar, aceite de algodón y aceite de soja.
Estos aceites industriales tienen una producción muy económica y, por tanto, se han convertido en el aceite elegido para la mayoría de productos alimentarios precocinados y horneados que se pueden encontrar en las tiendas.
Lo ideal es buscar una proporción cercana a 1:1 o 2:1 entre Omega 6 y Omega 3. Sin embargo, muchas personas ingieren una proporción de hasta 30:1, 40:1 e incluso 50:1.
Ante estas cifras estamos perdiendo una oportunidad de gozar de buena salud, ya que las grasas Omega 3 se relacionan con un gran número de beneficios para la salud, que incluyen:
¿Cuáles son los síntomas de una posible deficiencia?
Algunos síntomas iniciales de alerta incluyen la sed excesiva, la micción frecuente, el cabello y la piel secos, trastornos del sueño, déficit de atención, memoria subóptima y sensibilidad emocional, como depresión o ansiedad.
Pero esta deficiencia también se asocia a una elevada inflamación, un problema de salud “silencioso” que sólo aparece a la superficie en una etapa posterior mediante problemas cardiovasculares y enfermedades autoinmunes.
Por este motivo, y para mayor prevención y seguridad, recomendamos reducir la ingestión de alimentos ricos en ácidos grasos Omega 6, y aumentar la ingestión de alimentos ricos en ácidos grasos Omega 3 como medida preventiva.
¿Cómo puedes obtener más grasas Omega 3 en tu alimentación?
Los alimentos de origen animal y el marisco son las mejores fuentes de ácidos grasos Omega 3, EPA y DHA, pero las técnicas modernas de ganadería industrial conllevan que la comida que acaba en tu mesa contenga -con toda probabilidad- una cantidad de ácidos grasos Omega 3 significativamente menor de lo que esperas.
Veamos cómo difieren las proporciones de Omega 6 y Omega 3 cuando comparamos la carne y el pescado que encuentras en las tiendas y que han sido alimentados con pienso y de forma tradicional en granjas; con los más caros, alimentados con pastos o cazados de forma salvaje o silvestre (cuanto más bajo, mejor).
- Carne de vacuno alimentado con pienso convencional (más de 20:1) respecto a carne de vacuno alimentado con pastos (3:1)
- Carne de pollo alimentado con pienso convencional (alrededor de 20:1) respecto a carne de pollo alimentado de forma natural y criado al aire libre (3:1)
- Huevos de supermercado (20:1) respecto a huevos de gallinas alimentadas de forma natural y criadas al aire libre (1,5:1)
- Salmón de piscifactoría (1:3) respecto al salmón salvaje de Alaska (1:10)
Los compuestos orgánicos persistentes (COP) también son de 5 a 10 veces más altos en pescado de piscifactoría que en las variedades de pescado capturadas en la naturaleza.
Como indican estas estadísticas, la alimentación basada en pienso con soja y maíz reduce el contenido de Omega 3, lo cual significa que sobretodo vas a obtener grasas Omega 6.
Como consecuencia, tu consumo real de Omega 3 es probablemente mucho menor de lo que crees.
¿Cuál es la solución? Pues bien, para obtener unos resultados óptimos, se recomienda invertir en carne de animales alimentados con pastos, y pescado capturado en la naturaleza, que aportarán las mejores proporciones de ácidos grasos Omega 3 con la menor cantidad de toxinas.
El problema es que estos alimentos son más caros, más difíciles de encontrar, y es poco probable que estén presentes en los restaurantes cuando sales a comer fuera.
Como resultado, los suplementos de Omega 3 son una forma excelente de asegurarte de que obtienes tu “dosis diaria de salud”, aumentando las grasas Omega 3.
Aceite de krill: la garantía para unos niveles óptimos de antioxidantes y Omega 3
Los aceites de pescado han sido un suplemento de moda para mejorar los niveles de Omega 3, pero ahora existe una novedad que está ganando popularidad en la comunidad médica.
El aceite de krill se ha vuelto tan popular porque proporciona los mismos beneficios que los aceites de pescado, añadiendo una serie de beneficios más, que incluyen:
El krill también ha demostrado ser beneficioso para una gran variedad de problemas de salud, que incluyen las inflamaciones, los problemas cardiovasculares, el colesterol, el dolor de articulaciones, la movilidad, los síntomas premenstruales, la concentración y la memoria.
Por último, el aceite de krill se disuelve mejor en tu estómago, mientras que los aceites de pescado convencionales tienden a flotar una vez digeridos. Esto tiene como resultado una ausencia de regustos y de “eructos de pescado”.
Puedes encontrar más información sobre los beneficios únicos del aceite de krill en nuestro reportaje especial, que observa con profundidad los hallazgos de un estudio clínico aquí: Beneficios del aceite de krill – Averigua por qué el aceite de krill es 48 veces mejor que los suplementos de aceite de pescado Omega 3
Guía para compradores de aceite de krill
Cuando elijas tu suplemento de aceite de krill, busca las cápsulas de 500 mg de aceite de krill puro (Euphausia Superba). Lo ideal es comprar el formato de 60 cápsulas por botella, que proporcionan un suministro para un mes.
Luego busca los niveles más elevados de fosfolípidos Omega 3, EPA, DHA y astaxantina. A mayor cantidad de estos componentes, mejor será el aceite de krill.
Si estás buscando un potente suplemento de aceite de krill, opta por Antarctic Krill Oil, de Better Nutrition Labs, que proporciona botellas de 60 cápsulas de 500mg de aceite de krill puro (Euphausia Superba).
Cada una de nuestras cápsulas proporciona:
Nuestras cápsulas cuentan con las mismas cantidades que las utilizadas en los estudios mencionados, y cantidades más elevadas en algunos casos, para garantizar resultados óptimos.
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Tu cuerpo y tu cerebro se merecen lo mejor, así que no te pongas en peligro cuando se trata de este nutriente clave.

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